domingo, 15 de febrero de 2015

Sobre la película Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia


Esta obra de arte trata, entre otras cosas, sobre la “reinvención” de la carrera, y la vida misma de un actor. Riggan Thompson y su alter ego Birdman, amalgamados en una intermitente y sutil esquizofrenia. En el desespero de un ansiado reconocimiento. Actor que en su momento saboreó la fama, y posteriormente, en su actualidad, busca probar otro bocado, tratando de merecer una vez más el tan codiciado aplauso de un mercado: la audiencia.
Esta película utiliza un recurso cinematográfico que se conoce como “meta-cine” (varias historias dentro de una misma historia). En ocasiones el guión puede sentenciar increíbles quotes, líneas trascendentales y filosóficas, camuflajeadas en una aparente sátira. La escena donde la hija del personaje principal lo "arrolla" con un argumento tan persuasivo como insidioso es, creo, una de las columnas de esta obra. En el capítulo 12. Ella le hace entender que la realidad de un mundo moderno, un mundo actual, no se diluye, paradójicamente, en su efímero y fugaz pretérito. El personaje de la hija le recalca que en el mundo “hay que encajar” y mimetizarse entre tendencias, culturas y subculturas. Lo invita a getting used to it… De lo contrario, no importas, no existes… Este argumento es una fucking oda al Mainstream.
Este personaje principal es patético, inseguro, ambiguo y hasta terriblemente desesperado; rasgos lo suficientemente humanos en alguien quien irónicamente fungió cual superhéroe, tanto para el mundo como para sí mismo. Él improvisa su propia vida, limitada a una pretensión de fama. A la avidez de sentirse aceptado tal y como él se sueña, tal y como él mismo quiere venderse al mundo; al placebo del aplauso, dejando de lado sus otras responsabilidades. Así juega a imaginar aun sus poderes suprahumanos, pertenecientes a su yo del pasado. Así se acepta él como las aves que vuelan por encima de todo... Anhelando ser aceptado...
El personaje de la crítico, es poderosamente implacable. Asumo que podría representar lo estricto de un “sistema” que controla lo que se puede vender o no. El cine en cuestión y las casas productoras.
Por otro lado está el personaje que representa Edward Norton, el cual fluye tan natural como egocéntrico. Este personaje es el artista talentoso que hace lo que le place. Sin embargo, esconde sus penas tras la fachada del éxito, pues en escena es un dios, no obstante, fuera de ella, muchas veces “no sirve”…
También, se aprecia una suerte de meta mensaje, proveniente de un director que busca elevarse otra vez con una nueva obra, para ser también aplaudido: Alejandro González Iñárritu, quien dirigió Biutiful (2010); Babel (2006); 21 Grams (2003) y Amores Perros (2000). Al igual que un Keaton que renace luego de su Batman (1989).
El título de la película es Birdman, y el subtítulo: la inesperada virtud de la ignorancia. No saber, puede llegar a ser provechoso en un mundo tan contaminado como en la cosmovisión del entretenimiento, así como en nuestros tiempos post-modernos. No saber, es otro sesgo. Resaltando la ignorancia, como motor para producir o causar ciertos efectos, controlados por supuesto… Tal vez el hecho mismo de “desconocer” sea una medida, para identificar rastros de una pureza ya extinta en nuestra poluta naturaleza humana…
Con este subtítulo se condena a la “actualidad”, a las nuevas generaciones, quienes no aprecian la profundidad del análisis y los matices de lo trascendental en los escenarios de la vida misma. Una sociedad que aprueba lo efímero, y lo digiere sin mayor problema, víctima del inmediatismo; una mayoría imponente que opta por una satisfacción casi instantánea y designa quién puede y quien no, a través de sus recursos digitales. Una decisión Asch. Una sociedad que deja a un lado lo profundo, puesto a que tiende a brindarse tedioso, para enfocarse en algo que tal vez le sea más impresionante. La ignorancia es una virtud cuando, a razón de esa condición de nesciencia, el dolor y la frustración degeneran en calamidades más superfluas a las de alguien que sí vive y siente según su propio criterio y no bajo la opinión de un sesgo.

domingo, 8 de febrero de 2015

John Cage 4´33


John Cage fue un reconocido compositor estadounidense. En una de sus interpretaciones, se sienta frente a su piano por 4 minutos y 33 segundos, en un casi completo silencio.
Para mi humilde juicio, esta situación llega a ser, en principio, harto desconcertante. Situación plasmada y registrada en la historia de la "musica": su "música"... Al final de su "silencio" hace una reverencia al público, y éste le APLAUDE.
Para mi humilde juicio (reitero), esta "pieza" no es más que una oda a la vanidad. Una proyección, tan abstracta como silente, de lo que este músico se pudiese imaginar al tocar una de sus piezas. Es una invitación a disfrutar la armonía del silencio, y a experimentarlo como parte de una música, también compuesta. Es un desafío a la ruptura de paradigmas.
Para mi humilde juicio (insisto) John Cage, ¿será que exhorta a componer el silencio entre nosotros... A medirlo?
Podemos sucumbir ante nuestras IMPULSIVIDADES más antropológicas y simplemente reírnos de esto, señalando una vez más, con nuestro dedo ignorante y acusador, algo que se brinda como una completa ridiculez. O podemos, no apreciar, pero sí identificar algunos elementos que pudiesen escapar a una mente cerrada y ajena al arte.
Para suma de mi impresión este "segmento de silencio de John Cage" no solo ha sido aplaudido entre algunos snobs. Esta aventura momentánea e incongruente, tan desafiante como atrevida, tan extraña y tan abstracta, incluso, absurda ¡se vende por Itunes! Aunque no lo crean, está disponible para la venta.
Un track de 4 minutos 33 segundos de silencio, disponibles para ser descargados en tu iPod, por tan solo $0.99.
Mi impresión no puede más que reposar en un pensamiento:
¡Todo puede venderse!

miércoles, 7 de enero de 2015

A mi Reina y a mi Verdugo les saludo...

Año tras año nos llamamos en época de navidad para recordarnos cuánto cariño hay entre nosotros, y cuan grande es nuestra amistad. Cuánta dicha el sabernos en familia. En compañía. Juntos. Este diciembre no es la excepción. Cada final de año trato de hacer un recuento de mis experiencias, para tratar de evaluar mis decisiones, mis opciones y mis oportunidades. Para entender mejor mi propia vida y conocerme mejor a través del Tiempo.
¡El Tiempo! vaya elemento imperativo. Qué fácil es tan solo nombrarlo, pero qué difícil es asumirlo. El Tiempo es un maestro que no deja de ser tirano, y a su vez, un tirano que no deja de ser maestro. El Tiempo es una andrógina meretríz que muchos aman pero que pocos respetan. ¿Acaso existe algo más poderoso que el Tiempo? ¿Acaso existe algo más cercano a la ambigüedad de Dios, que el mismísimo Tiempo? En la mitología griega el inicio de todo, el dios creador, la primera figura del Olimpo, fue nada más y nada menos que: Cronos: ¡El Tiempo!. Padre de Zeus y cabeza de la jerarquía helénica. El Tiempo es todo y todo es el Tiempo. Le rendimos culto inconsciente a través de la cronología de nuestra propia existencia. A través de una sucesión de vidas. A través de la historia. A cada momento... El Tiempo ha sido obedecido y siempre se obedecerá. Veneramos su extraña existencia y vivimos bajo su ordenanza. Nadie puede contra el Tiempo. Nadie.
Ese mismo Tiempo, inclemente, infalible; ese mismo Tiempo, inmodificable, casi perfecto, constante, intransigente, despiadado, desconcertante, es ¡la regla máxima!. La condición de un siempre. El más costoso impuesto. La única verdad común a todas las verdades. Así existe el Tiempo de manera absoluta. Entre los que ya no están, entre los que estamos, y entre los que estarán…
En un libro titulado Love Story, el autor (Erich Segal) define otro elemento poderoso, como es el Amor, bajo la siguiente premisa: “amar es nunca tener que pedir disculpas…”. Vaya tema complicado y subjetivo el Amor. (…) El Amor en su más excelsa expresión nunca ofende. Y así como el Tiempo, tiene dos realidades. Una subjetiva, y otra inherente al colectivo. En mi esfuerzo más existencialista he definido el estado hiper-consciente de una realidad-tiempo bajo el término Maintenant, que quiere decir: Ahora (Lo expongo a través de uno de mis cuentos, el cual titulé Clarence Carswell y la ambigüedad del Tiempo). Pero ese Ahora es cíclicamente fugaz y constante. El Maintenant, el Ahora, son como pequeñas velas que se encienden y se consumen; no necesariamente de una manera correlativa. Pequeñas velitas que se encienden y que se viven para luego encender otras nuevas, dejando atrás las consumidas. Casualmente, el título del libro que publicó mi madre antes de morir, el mismo que solo yo le ayudé a escribir y a diagramar, lo tituló: Candilejas de Sentimientos. Ese libro no es más que una sucesión anacrónica de sus momentos. De sus “ahoras”. De su Maintenant. ¡Vaya coincidencia! Mis conjeturas más abstractas y existencialistas fueron resumidas por mi madre en una frase atemporal, que utilizó para titular su obra, en una línea esbozada en el Tiempo. Su Tiempo. 

Dios me prestó a mi madre y el Tiempo se la devolvió, recordándome que no era más mía que de él. El Amor la mantiene conmigo. Y mi más futuro Maintenant, mi Ahora-más-luego también estará con ella, de nuevo en presencia tangible… No me arrepiento de nada de lo que viví con mi madre pues todo ello forma parte de mi Ahora. Mi amor por ella me hace bajar la cabeza contra ese villano Tiempo que no me dejó estar más momentos sino tan solo algunas velas… hasta un próximo Maintenant… que ya será más allá de nuestra actual razón. Lo que no me impide el Tiempo es amarla como la amo, más allá de sus estrictas condiciones cronológicas. El Amor más fuerte trasciende al tiempo (esta vez con minúsculas). Ya estaremos juntos de nuevo. Hoy mi corazón te grita llorando en un subjetivo silencio; pero estoy seguro de que nos volveremos a ver. Bella. Bellísima. Te amo. Siempre te amaré. Siempre… ¡Cuánta falta me haces! ¡Cuánto te extraño! Madre amiga. Madre room-mate. Madre socia en intercambios literarios. Te amé tan poco, que hoy me duele no poder amarte más. Solo el consuelo de saberte bien en tu verdadero lugar me reconforta y me serena. Bienvenida sea, ahora y siempre, la calma. La calma es una bendición. La calma es fortuna a mi alma. La calma es sosiego a mi mente. Un arduo ejercicio. Feliz navidad mamá. Y feliz navidad para ti también Tiempo. Perverso profesor. Maestro malicioso. Ya llegará el momento en que pueda burlarte, y así encender esa velita que tan pronto me apagaste. De momento será mejor estar tranquilo. Estar sereno. Incluso agradecido. Difícilmente agradecido…

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Propuesta de concepto: click derecho-añadir al diccionario


Me he tomado el atrevimiento de inventar una palabra para su inclusión en el listado de adjetivos de la lengua española. Así como nacen los anglisimos y americanismos, así también se pueden generar híbridos en función de identificar una característica social. El término que ofrezco es el siguiente:

Inteliquote (pronunciación: intelicuout):

Adjetivo. Palabra compuesta. inteli: del castellano Inteligente. quote del anglosajón Quote, que quiere decir: cita.
Un inteliquote es una persona que se brinda inteligente ante los demás, argumentando una idea apoyada en frases célebres, proverbios e incluso refranes ya existentes, ya acuñados. En la mayoría de los casos sin respetar el autor, la fuente y procedencia de su comentario o frase textual; expresada de forma escrita o hablada.

Un inteliquote es una persona que busca impresionar a sus interlocutores expresando líneas retóricas de contenido, sin comillas. Un ladrón de frases. 


El Inteliquote se limita e expresar la "idea robada" sin adicionar contexto a su sentencia. Utiliza la frase hecha como arquero que dispara una sola flecha: certera.
El Inteliquote busca resaltar ante los demás a través de sus intervenciones pre-diseñadas, para darle fuerza a su argumento, o también para evadir una respuesta que amerite un mayor esfuerzo cognitivo.
El Inteliquote tiene la habilidad de almacenar las frases de las que se vale, pero se le dificulta ir más allá de la raíz de tales sentencias. Lo hace de manera natural, de manera espontánea.
El Inteliquote es aquel nuevo(a) ciudadano(a) que busca entender un libro en 140 caracteres.
El Inteliquote no tiene tiempo para sentarse a pensar, a filosofar, a deshebrar contenidos. Va directo al grano. No resume, más bien busca un resumen que haya hecho otro. Una fuente confiable. Un argumento sostenible para robarlo y hacerlo suyo. No concibe la idea de investigar más de dos páginas exigiendo objetividad, síntesis y concisión. No tiene tiempo para eso.

El Inteliquote está consciente de la "irrefutabilidad" que genera el insertar su quote, su cita. Busca y encuentra una aprobación segura. 

El Inteliquote pergeña las ideas en una conversación, vendiéndose lacónico cuando le conviene.

El Inteliquote no es un adjetivo negativo, ni mucho menos peyorativo. Al contrario, es una cualidad popular que no muchos adquieren. El Inteliquote posee mucho sentido común, sin embargo, su poder de palabra es más verborrea que contenido impresionante, contenido realmente profundo. Es un proveedor de ideas de fácil acceso. Un fast food de interpretaciones y proyecciones idiomáticas.

Un Inteliquote podría indicar en una reunión donde se hable del Quijote: "En un lugar de la mancha de cuyo nombre o quiero acordarme..." y dejar la frase abierta. Quedando muy "bien parado" ante sus interlocutores. Desconociendo estos que nuestro inteliquote no tiene la más mínima idea de las aventuras de Alfonso Quijano y su Sancho Panza. 

Un Inteliquote no es más que un hábil respondedor. Responde inteligentemente citando "algo" ante una circunstancia, una coyuntura, o simplemente en el devenir de su día a día.

martes, 25 de noviembre de 2014

A propósito del lenguaje

Uslar Pietri señala una "indisoluble relación entre la palabra, el pensamiento y la acción". Por su parte, el psicólogo Skinner supeditaba el lenguaje expresado al entorno del individuo. Tenemos entonces decodificado que "las cosas que pasan" en el día a día de nuestro país no son más que una consecuencia de esas acciones que vienen arraigadas por un pensamiento limitado; limitado por el entorno físico y el entorno social...
El entorno físico, nuestro medio ambiente, ha venido mermando a razón de la administración de recursos del estado vs. la infraestructura urbana y el deterioro por el mal uso de los ciudadanos.
El entorno social, el colectivo en cuestión, ha venido mermando porque cada vez más venezolanos talentosos y civilizados se han visto en la necesidad de partir a otras tierras. De igual manera, ese entorno social se ve desmejorado por la dejadez o mimetismo de quienes se quedan.
El deterioro es inminente. El futuro se brinda turbio, difícil, complicado. Los días decaen ante una sociedad que inevitablemente se autodestruye.
Lo opuesto a la Civilización es la Barbarie. Eso es lo que estamos viviendo: una transmutación de la civilización en un Sistema Bárbaro, con ínfulas de régimen. Tan inútil como la realidad de un náufrago que encuentra un mapa, que no le sirve de nada, pues seguirá perdido esperando que alguien le encuentre...
1.- Como dice Héctor Torres en su libro Caracas Muerde: "la agresividad vence y el crimen campea, pero en ella viven los que «aman, sufren y esperan»".
2.- Como dice Gisela Kosak Rovero en su libro Ni tan chéveres ni tan iguales: "...dudo mucho que este sea «el mejor país del mundo», tampoco creo que el peor".
3.- Disculpe usted don Uslar, pero estamos bien jodidos...

martes, 21 de octubre de 2014

Gracia y Desgracia de la Interpretación

Una perspectiva de la información instantánea y mal redactada de nuestros tiempos



Charles Barry
Jorge Tuero
De los personajes creados por la comicidad venezolana, me es grato recordar al inolvidable y graciosísimo Charles Barry, en su sketch “La Noticia Positiva”. En estos episodios de la comedia de entonces, ocurrentemente, se la daba doble interpretación a una noticia coyuntural y propia de la época, parodiando la dualidad y transformación de Dr. Jekyll y Mr. Hyde convenientes a la obra de Robert Louis Stevenson, creativamente adaptados al programa humorístico. De esta manera nos brindaban una suerte de Jekyll quien anunciaba la noticia, y un Hyde que, exacerbado (en la misma figura de Barry saliendo de debajo de su escritorio), interpretaba aquella noticia y “sus realidades”, ya transformado. Así también era asistido musicalmente con el tétrico inicio de la Tocata y Fuga en D menor de Johan Sebastian Bach. Complementado todo esto con una escenografía simple, casi minimalista, que exponía un espacio sombrío y tenebroso en función de identificar de forma artística: el terror de la verdad detrás de la interpretación de una noticia “supuestamente positiva”. La ironía jugaba un papel casi tan fundamental como la dentadura postiza de Barry.

También recuerdo el personaje “El Profesor Americano” inmortalizado por el elocuente Jorge Tuero, quien visitaba a otro personaje, expresando este segundo frases coloquiales en un contexto hilado a cualquier cotidianidad venezolana, mientras nuestro confundido profesor interpretaba las palabras y frases textualmente, alterando así el significado real detrás de las expresiones idiomáticas propias de nuestro país. Por consiguiente, nuestro profesor, sin poder entender una sucesión de frases hechas, características a nuestro lenguaje coloquial, esbozaba desconcertado una de las líneas célebres del gran Tuero: "¡oh Andrés Bello, qué han hecho con tu idioma!”. 



Wilmer Ramirez
 En otro programa de tv alcanzo a acordarme de El Profesor Wilmer, en la persona del excelente comediante Wilmer Ramírez, quien hacía las veces, nada más y nada menos, que de miembro principal de la “Academia de a Real y Medio”; brindándose bastante susceptible al correcto uso del castellano, en favor de evitar frases tan comunes como escatológicas traducidas en refranes de uso común. Al profesor le acompañaba una hermosa modelo ataviada de toga y birrete de color azul, mientras que él vestía el mismo atuendo pero en tonalidades rosadas. En su sketch se identificaban algunos refranes los cuales eran enviados al despacho del profesor por un público ficticio, proveniente de poblaciones también ficticias, para que este “experto lingüista y aparente catedrático” modificara la estructura de su significado con mayor locuacidad; aderezada, toda esta actuación, con la característica picardía de un doble sentido no necesariamente ofensivo. El matiz cultural era un elemento siempre presente en estas creativas intervenciones del humor en la televisión nacional de épocas ya pasadas.

Emilio Lovera
Finalmente mi personaje preferido, y pienso que mejor elaborado a razón de una invención más completa es: El Chunior, uno de los tantos alter egos del más que experto en comedia Emilio Lovera. Emilio es, con certeza, un exégeta de la idiosincrasia del venezolano, un intérprete de la personalidad colectiva de nuestro país. Ya quisiera el sabio Juancé Gomez conocer al venezolano tal y como lo conoce este sociólogo que se hace pasar por comediante, exponiendo tan espontánea como inteligentemente la naturaleza articulada de sus creaciones. En el caso del Chunior nos encontramos frente a un personaje que se desempeña como locutor, quien luego pasó a ser host de late show. Este ocurrente personaje tiene la particularidad de expresarse, modificando a su gusto, ciertas palabras del castellano, variando también aspectos históricos y geográficos que acompañan el contexto de sus adrede-barbarismos. La vocalización es un elemento resaltante en nuestro estrambótico personaje. El Chunior maneja una cultura paralela modificada en función de la original: la cultura universal; variando los fonemas y estructuras lingüísticas, verbigracia de sus ocurrentes comentarios. Emilio transforma, a través de este Chunior, no solo la morfología de las palabras sino la cultura y la geografía misma.

Enuncio estos cuatro personajes ya que me son cónsonos a la realidad de la “nueva noticia digital”. Muchos textos que ahora nos descubren a nosotros, apareciendo vinculados a una publicación en Facebook, a un tweet, o a cualquier link de alguna página web que revela un mensaje. Ese mensaje es una redacción llena de descuidos y falta de un esfuerzo mínimo de correcta expresión. Tales textos, por lo general de carácter informativo, son a mi parecer, material suficiente para añadir a cualquiera de los sketches de los personajes antes descritos. Son estas noticias-mal-redactadas, motivo de comedia, dada su naturaleza errante y poco elaborada. 

Es una verdadera vergüenza la manera en que muchos “comunicadores y escribidores” se expresan día a día a través de medios formales, que a su vez, deberían poner cuidado a su línea de contenido; no por factores políticos sino por elementos netamente gramáticos, lingüísticos y estilísticos. 

La calidad es un factor que ha venido mermando en nuestro país; ahora bien, la redacción no escapa ante nuestra actual problemática de escasez, teniendo en cuenta en este caso que también escasee el argumento, el criterio y el correcto uso del lenguaje hablado y escrito ante nosotros los consumidores de ideas, de historias, de letras... 

Me es preciso desfogar estos argumentos en contra de la actual entronización de la mediocridad y carencia de lo prolijo, canjeado por una falsa practicidad. Así expongo esto, a razón de una refinada sensibilidad y respeto por el debido uso del lenguaje, en otros tiempos común y afin al colectivo.  Tal vez hoy mi reclamo sea visto, por muchos, como una exageración o quizá una extravagancia; cada quien le dará su más subjetiva interpretación.

viernes, 17 de octubre de 2014

La era del Bulo: el fraude de la nueva noticia falsa



A razón de las redes sociales, la “información” en nuestros días se propaga a velocidades que antes jamás se habrían pensado. Los textos de Noticias y Artículos, otrora leídos en medios impresos, actualmente son de muy fácil acceso a través de portales web.

Esta progresiva condición de la tecnología nos brinda la posibilidad de “acercarnos” a estas noticias de hoy en cuestión de segundos. Indagar sobre un tema que se haya suscitado, un evento, algo acerca de alguien, cualquier cosa, de cualquier personaje, de cualquier época… De hecho, en muchos casos, la información (la noticia) llega a nosotros, primero que nosotros a ella. Los textos aparecen en nuestras plataformas digitales despertando o no nuestro interés, nuestra atención. Las imágenes nos convencen, nos persuaden, nos afectan. Un retweet de otro retweet, un shared post, una imagen con 10k likes, una opinión a raíz de un trending topic, un coyuntural pop up

Se genera entonces una sensación: la idea de pertenecer a una cadena de transmisión de esa “noticia” que nos ha llegado casi por arte de magia. Esa información que nada tiene que ver con nuestras metas personales, con nuestros objetivos de vida, con nuestra carrera, incluso con nuestros intereses pero, que de alguna u otra forma, ha llamado nuestra atención y ahora debemos “esparcir el mensaje” informando a los demás. De esa manera estamos “al día”, “estamos en algo”, “hablamos de algo”, “sabemos de ese algo”. Pertenecemos a “algo”. Nos distraemos propagando ese “algo”, relevante o irrelevante, trascendental o no…

Abro mi Facebook, veo algunas fotos, leo algunos post, nada interesante, pero ¡hey! Estoy leyendo en algunas pocas líneas que Paul Walker ¡no murió! la imagen que acompaña el texto presenta una foto del actor vestido con el característico naranja penitenciario de los EEUU, y los logos de CNN y NBC también aparecen. ¡Maintream, mainstream, mainstream!. Dice el texto que ahora es condenado a 15 años de cárcel por fraudel. Le doy al botón de compartir y coloco alguna frase llamativa, sarcástica, escatológica, graciosa, todas a la vez: coloco <¡que bolas!> y ya está en mi timeline. No tuve tiempo de leer completo el artículo pero ya lo compartí y hasta con frase propia… Lo hice antes que muchos. Soy muy inteligente. Soy muy moderno. Estoy al día-con-el-día-a-día. Estoy en el tapete. Una semana después leo que todo fue una mentira.. Soy víctima constante de los bulos, ya no sé ni qué creer. Soy en realidad un grandísimo tonto. Soy un tonto que está al día(…)

***

Un bulo (o también Hoax) es una noticia falsa propalada con algún fin. 


Nuestro tiempo moderno, aunado a la condición cortoplacista de nuestra también moderna sociedad, está cada vez más lleno de bulos. El ciudadano moderno está más que ocupado en sus coyunturales actividades e intereses, y tajantemente expone su “no tengo tiempo”. No tiene tiempo de leer bien la noticia. No tiene tiempo de fijarse que los logos de NBC y de CNN que aparecen en la foto de Paul Walker no deberían llevar outer glow. No tiene tiempo para saber que el outer glow es el efecto de resplandor externo que se aplica a los textos y capas en photoshop. No tiene tiempo para darse cuenta de que la imagen está photoshopeada. Tampoco tiene tiempo para leer los numerosos artículos que desmienten su “nueva noticia”. No tiene tiempo de indagar ni mucho menos de investigar si es o no cierto eso que acaba de leer. Paul Walker murió y se retuiteó la noticia, luego se publicó que su muerte había sido fingida y también se retuiteó. Finalmente informan que sí murió y se vuelve a retuitear... Se difunde algo y luego se difunde lo que desmiente ese algo, porque el ciudadano moderno tiende a creer casi todo lo que lee en internet, y su impulsividad lo lleva a disparar el botón de compartir antes de que su cerebro asimile la información completa.  Así pues, es presa constante de estas hablillas, rumores, chismes y calumnias; legado ancestral de una estirpe rural que creía en cuentos de camino... Llega incluso este ciudadano moderno a opinar sobre la noticia falsa con tal vehemencia que puede llegar hasta a intimidar y hacer dudar a más de uno.

El hombre de hoy no es más inteligente que hace 1000 años... El astronauta tallado en la Catedral de Salamanca no es más que una restauración realizada en 1993, no una predicción del siglo XII, es simplemente un retoque moderno, si se quiere, un chiste arquitectónico...

Por otra parte, Tommaso Debenedetti, catalogado “el mayor mentiroso de la historia del periodismo”, ha engañado al mundo entero varias veces con sus falsas entrevistas. Dice el italiano que lo ha hecho por puro placer, y que no ha ganado nada con ello más que divertirse. Debenedetti se burla de la interpretación colectiva, fomentando en calidad de pionero, la creación de un nuevo género: el de la noticia falsa.

Debenedetti esparce la noticia falsa consciente de su falsedad, pero el “campesinado electrónico de las redes sociales” difunde el mensaje ausente de veracidad, carente de certeza, dudoso de su contenido. Debenedetti pretende al menos con sus imposturas «demostrar la fragilidad de los medios sociales, en donde cualquiera puede ser cualquiera». ¡Vaya genio tan irreverente!.


Esta es, sin duda alguna, la era del bulo. La de la propagación desmesurada de la noticia falsa no analizada. La cultura de masas es la que rige los hilos cual titiritero; tiende así a la practicidad. No hay tiempo de leer tanto, no hay tiempo de pensar tanto. ¡Hey! estoy leyendo un artículo donde dice que Walt Disney aun está vivo y piensa hacer el ice bucket challenge, déjame compartir esa información antes de que me enrede con estos hilos...