domingo, 22 de julio de 2018

Una carta de Hunter Thompson


En la primavera de 1958 Hunter S. Thompson recibió una carta de un amigo pidiéndole consejo, de tal manera que el escritor redactó una carta sobre el significado y el propósito de la vida. Es importante mencionar que en ese tiempo Thompson aún no era el depositario de ningún tipo de fama, pero sus palabras ya tenían la energía que lo convirtió en uno de los autores más celebrados del siglo XX. A continuación la traducción de dicha misiva.
22 de abril de 1958
Calle Perry 57
Ciudad de Nueva York
Querido Hume,
Tú pides consejo, ¡ah qué cosa tan humana y tan peligrosa! Pues dar consejo a un hombre que pregunta sobre qué hacer con su vida implica algo muy cercano a la egomanía. Asumir que se puede dirigir a un hombre hacia la meta máxima y correcta, al punto de señalar con un dedo tembloroso la dirección indicada es algo que sólo cometería un tonto.
Yo no soy un tonto, pero respeto tu sinceridad al pedirme mi consejo. Sin embargo te pido que cuando escuches lo que tengo que decir, concuerdes con que todos los consejos son sólo un producto del hombre que los da. Lo que puede ser verdad para uno, puede significar un desastre para otro. No veo la vida a través de tus ojos, ni tú a través de los míos. Si fuera a intentar darte un consejo específico sería como un ciego guiando a otro ciego.
“Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma: sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades…?”
(Shakespeare)
De hecho esa es la cuestión: si flotar con la corriente o nadar hacia una meta. Es una decisión que todos debemos tomar ya sea consciente o inconscientemente en algún momento de nuestra vidas. Muy pocas personas entienden esto. Piensa en cualquier decisión que hayas hecho y que tuviera una influencia en tu futuro: puede ser equivocada, pero no veo cómo podría ser cualquier cosa excepto una decisión –aunque sea indirecta– entre las dos cosas que he mencionado: flotar o nadar.
Pero ¿por qué no flotar si no tienes una meta? Esa es otra cuestión y es incuestionablemente mejor disfrutar la flotación que nadar en la incertidumbre. Entonces ¿cómo encuentra un hombre una meta? No un castillo en las estrellas, sino una cosa real y tangible. ¿Cómo puede un hombre estar seguro de que no va en pos de una “gran montaña de dulce”, una meta hecha de caramelo y azúcar que tiene poco sabor y nada de sustancia?
La respuesta (que es, en cierto sentido, la tragedia de la vida) es que buscamos entender la meta y no al hombre. Ponemos una meta que demanda de nosotros ciertas cosas: y hacemos estas cosas. Nos ajustamos a las demandas de un concepto que NO PUEDE ser válido. Cuando eras joven, vamos a suponer que querías ser bombero. Me siento razonablemente seguro de decir que ya no quieres ser un bombero. ¿Por qué? Porque tu perspectiva ha cambiado. No es el bombero quien ha cambiado, sino tú. Cada hombre es la suma total de sus reacciones a la experiencia. Como sus experiencias difieren y se multiplican, tú te convertirás en un hombre diferente y por lo tanto tu perspectiva cambia. Esto sigue y sigue. Cada reacción es un proceso de aprendizaje sumamente significativo, que altera tu perspectiva.
Así que parecería tonto ajustar nuestras vida a las demandas de una meta que vemos desde un ángulo diferente cada día ¿o no? ¿Cómo podemos esperar lograr algo más que una neurosis galopante?
La respuesta entonces no debe de tratar de metas en absoluto, o al menos no de metas tangibles en todo caso. Tomaría montones de papel desarrollar este tema a satisfacción. Sólo Dios sabe cuántos libros se han escrito sobre “el sentido del hombre” y ese tipo de cosas, sólo dios sabe cuántas personas han ponderado el tema. (Utilizo el término “sólo Dios sabe” puramente como una expresión”). Hay muy poco sentido en que yo intente dártelo en un proverbial resumen, porque soy el primero en admitir mi absoluta falta de certificaciones para reducir el significado de la vida a uno o dos párrafos.
Voy a alejarme de la palabra “existencialismo”, aunque puedes mantenerla en tu mente como una suerte de clave. Quizá también puedas tratar de leer algo llamado El ser y la nada, de Jean-Paul Sartre, y otra cosita llamada Existencialismo de Dostoyevsky a Sartre. Estas son meras sugerencias. Si te sientes genuinamente satisfecho con quien eres y lo que estás haciendo, entonces puedes olvidarte de esos libros. (Dejar a los perros que duermen acostarse). Pero de vuelta a la pregunta. Como dije, poner tu fe en las metas tangibles, sería, en el mejor de los casos, poco sabio. Así que no aspiramos a ser bomberos, no aspiramos a ser banqueros, ni policías ni doctores. ASPIRAMOS A SER NOSOTROS MISMOS.
Pero no me malentiendas. No quiero decir que no podemos ser bomberos, banqueros o doctores, sino que debemos hacer de la meta conformarnos con el individuo, en lugar de hacer que el individuo se conforme con la meta. En cada hombre, herencia y entorno se han combinado para producir una criatura con ciertas habilidades y deseos, incluyendo una necesidad muy arraigada de funcionar de tal forma que su vida TENGA SIGNIFICADO. Un hombre debe ser algo, debe importar.
Tal y como yo lo veo, la fórmula va más o menos así: un hombre debe escoger un camino que permita a sus HABILIDADES funcionar con un grado de eficiencia máxima hacia la gratificación de sus DESEOS. Al hacer esto, él está satisfaciendo una necesidad (dándose a sí mismo una identidad al funcionar en un rumbo fijo hacia una meta), él evita frustrar su potencial (al escoger un camino que no le pone límites a su desarrollo personal) y evita el terror de ver su meta languidecer o perder su encanto conforme se acerca a ella (en lugar de someterse a las demandas que busca, ha sometido su meta a adaptarse a sus propias habilidades y deseos.
En resumen, no ha dedicado su vida a alcanzar una meta predefinida, sino escogido una forma de vida que SABE que disfrutará. La meta es absolutamente secundaria: lo importante es el mecanismo que lleva a la meta. Y parece casi ridículo decir que un hombre DEBE funcionar en un patrón que él mismo ha elegido, ya que dejar que otro hombre defina tus metas es renunciar a uno de los aspectos más significativos de la vida: el acto definitivo de voluntad que hace a un hombre un individuo.
Vamos a asumir que tú piensas que tienes que decidir entre ocho caminos a seguir (predefinidos, por supuesto). Y vamos a asumir que no puedes ver ningún propósito real detrás de ninguno de los ocho. Entonces –y aquí está la esencia de todo lo que he dicho– DEBES ENCONTRAR UN NOVENO CAMINO.
Naturalmente no es tan fácil como suena. Pues has vivido una vida relativamente estrecha, una existencia más vertical que horizontal. De tal manera que no es muy difícil entender por qué te sientes así. Pero un hombre que procrastina al ELEGIR, inevitablemente verá que esta decisión es tomada por las circunstancias y no por él.
Así que si ahora te cuentas entre los desencantados, entonces no tienes otra opción más que aceptar las cosas como son, o seriamente buscar algo más. Pero cuídate de buscar metas: busca una forma de vida. Decide cómo quieres vivir y luego ve cómo puedes ganarte la vida DENTRO de ese modo de vida. Pero dirás: “No sé por dónde empezar buscar. No sé qué debo buscar”.
Y ese es el punto medular. ¿Vale la pena dejar algo para buscar algo mejor? Yo no lo sé, ¿lo es? ¿Quién puede hacer esa decisión si no tú? Pero aun si DECIDIERAS BUSCAR, has avanzado un gran camino para tomar la decisión.
Si no paro me voy a descubrir a mí mismo escribiendo un libro. Espero que no sea tan confuso como se ve a primera vista. Mantén en mente, por su puesto, que esta es MI FORMA de ver las cosas. Yo pienso que esto es aplicable de manera general, pero quizá tú no. Cada uno de nosotros debe crear su propio credo, éste es meramente el mío.
Si cualquier parte de esto no te hace sentido, por favor señálamelo. No estoy tratando de ponerte “en el camino” en busca del Valhalla, sino simplemente señalando que no es necesario aceptar las opciones que te da la vida tal y como la conoces. Hay más en ello que eso: nadie TIENE QUE hacer algo que no quiere por el resto de su vida. Pero de nuevo, si eso es lo que terminas haciendo, convéncete como sea de que DEBÍAS hacerlo. Entonces tendrás mucha compañía.
Eso es todo por ahora. Hasta que tenga noticias tuyas de nuevo, sigo siendo tu amigo,
Hunter.

Un Monet...




En este Monet se siente la nieve en los pies,
y un frío que poco a poco va desapareciendo.
Se puede sentir también el sol del cuadro en el rostro,
e imaginar la sombra fugaz que la urraca dibujará al volar…
Otro día que se asoma, con sus luces y sus sombras.

Sobre la película The Lobster

¡Advertencia!, sólo si a usted le gustaron películas como: Being John Malkovitch (Spike Jonze); Her (Spike Jonze); Under the skin (Jonathan Glazer); Birdman (Alejandro González Iñárritu); Donnie Darko (Richard Kelly), Eternal sunshine of a spotless mind (Michel Gondry), The Double (Richard Ayoade); Adaptation (Spike Jonze); The Village (M. Night Shyamalan); e incluso Edward Scissorhands (Tim Burton), entonces encontrará en The Lobster eso distinto que sólo el séptimo arte nocomercial puede ofrecer. De lo contrario, ni se moleste en tratar de verla, porque su impulsividad le hará quitarla en menos de 15 minutos.

The Lobster es una historia que, de manera más satírica que distópica, no se cohibe en señalar a una sociedad la cual se reserva el derecho de permitir o no que las personas permanezcan solteras… La pérdida, la búsqueda, y el encuentro del individuo, en sí mismo y en su circunstancia más próxima… Un hotel, un bosque y una pequeña ciudad bastan para representar excelentes metáforas escritas por un par de visionarios, Efthimis Filippou y Yorgos Lanthimos.

Instrucciones para subir una escalera, por Julio Cortázar


Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.
FIN

Julio Cortázar (1914-1984)

El verdadero símbolo del Comunismo




El verdadero símbolo del comunismo debería ser una letrina! Allí, donde absolutamente todos somos iguales... en nuestro estado más natural y menos decoroso.

Fernando Egui Mejías

La Pragmática Conversacional

La pragmática conversacional se basa en la premisa de que el principio básico que rige la comunicación humana es el principio de cooperación: si dos o más personas establecen una interacción verbal, los oyentes y los hablantes cooperarán para entenderse y ser entendidos.
Para poder sostener esa pragmática conversacional hace falta cumplir con lo que Paul Grice identificó como Máximas Conversacionales (Grice: filósofo británico, conocido por sus contribuciones a la Filosofía del Lenguaje.)
El principio de Cooperación se concreta en una serie de categorías, denominadas máximas de conversación, las cuales describen cómo ha de ser lo que se dice en una conversación, para que ésta sea más precisa y menos ambigua:
1. Máxima de cantidad:
-Que su contribución contenga tanta información como se requiere
-Que su contribución no contenga más información de la que se requiere
2. Máxima de cualidad (de veracidad)
-No afirme lo que crea falso
-No afirme nada de lo que no tenga pruebas suficientes
3. Máxima de relación (de relevancia)
-Que lo que hable oportunamente sea relevante
4. Máximas de modo (modalidad, fundamentalmente intenta ser claro)

-Evite expresarse oscuramente
-Evite ser ambiguo
-Sea breve
-Sea ordenado

M, el vampiro de Düsseldorf, una película de Fritz Lang (1931)

M, el vampiro de Düsseldorf, una película de Fritz Lang (1931)
"No tengo. Nunca sentí arrepentimiento en mi alma; nunca pensé que lo que hice estaba mal aunque la sociedad lo condenara. Mi sangre y la de mis víctimas estará en la cabeza de mis torturadores. Debe de haber un Ser Superior que creara la chispa de la vida. Ese Ser juzgará buenos mis actos puesto que vengué mi injusticia. Los castigos que sufrí destruyeron todos mis sentimientos de ser humano. Por eso no tuve piedad con mis víctimas."
"Dime: una vez que me corten la cabeza, ¿seré capaz de oír, al menos por un momento, el sonido de mi propia sangre saliendo de mi cuello?"
El expresionismo alemán tiene mucho qué decirnos... entre esas cosas, nos recuerda que el Opresor está enfermo, encerrado en una excusa tanática... ¿La interpretación de Peter Lorre es el espejo de un Peter Künten sentenciado y luego guillotinado, o la metáfora del señalamiento entre villanos? Nadie está exento de culpa... nadie.